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Martes, 13 de diciembre de 2005

Cien años de soledad

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casas arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó a ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los hierros mágicos de Melquíades. “Las cosas tienen vida propia –pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.”

Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad


Corresponde al primer párrafo de la novela. No es este texto en sí, sino el libro entero lo que me hizo descubrir una nueva forma de narrar o contar cosas. Lo leí siendo adolescente y lo estuve leyendo durante años. Quiero decir que leía la novela una vez y al año o los dos años volvía a leerla, buscando el sabor de lo ya conocido. La degustaba, y eso me pasa pocas veces.
Se le llamó realismo mágico, y me encanta imaginar que la realidad esconde magia. Me hizo pensar mucho sobre lo que me rodeaba. La realidad es mágica. Yo estoy vivo gracias a un millón de casualidades, y te estoy escribiendo a ti gracias también a otro millón de casualidades. Y hablo de una cosa tan pequeña como mi vida. Pensemos en la humanidad entera y ya podemos echarnos a temblar.
La leí en mi adolescencia, y mi adolescencia no fue demasiado feliz. Cuanto agradecía en aquél entonces que hubiera otros mundos además del mío.


Rafael

Por: Sandy Miuss | Manchados de Tinta | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Precios libro Rafael, yo tambien quede subyugada entre sus lineas.
Un abrazo.

Oceanida | 16-12-2005 03:35:17

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